Los últimos días de Zweig

Crítica: Stefan Zweig, Adiós a Europa

Cartel del film (2016).

Stefan Zweig fue uno de los autores en lengua alemana más leídos de principios del siglo XX. Sus libros se tradujeron en varios idiomas. Fue un hombre que consiguió vivir de la escritura hasta que los nazis se hicieron con el poder. Es entonces cuando se vio obligado a huir, también por ser de origen judío.

La película, de nacionalidad austriaca, alemana y francesa, de la directora y guionista Maria Schrader, nos muestra a Zweig durante sus últimos años de vida en el exilio. Los decorados y el vestuario son habitualmente oscuros excepto cuando las escenas tienen lugar en Brasil, y más concretamente en Petrópolis, lugar donde se instaló Stefan con su segunda esposa, Lotte, durante la II Guerra Mundial. Este país se nos presenta como el paraíso. Una tierra aún virgen, de abundante vegetación, y habitantes amables y hospitalarios. Representa la esperanza en medio de un mundo que se hundía velozmente. A lo largo del film prácticamente no se escucha música de fondo para no provocar en el espectador la lágrima fácil. Los diálogos se centran mayoritariamente en el conflicto europeo, la huida forzosa del hogar y la pérdida de la propia identidad. Cada palabra y cada frase son una reflexión que muy bien podríamos aplicar, desgraciadamente, a nuestro presente. El ritmo en que transcurre la acción es calmado pero en ningún caso la historia se hace densa. El actor austriaco Josef Hader hace una interpretación magistral y muy creíble del escritor. Pero si decidís ver Stefan Zweig: Adiós a Europa recomiendo antes documentarse un poco respecto a su biografía porque el largometraje da por hecho que el espectador la conoce de sobras.

Josef Hader interpretando a Zweig en una escena de la película. (1)

A Stefan Zweig se le tildó de cobarde por no criticar abiertamente al régimen nazi aunque sí lo hacía en sus obras. Pero para entender qué le pasaba por la cabeza al autor y por qué no se vio con la suficiente energía como para empezar una nueva vida en Brasil, pues considero que el film de Schrader este punto no lo acaba de plasmar de forma clara, se debe leer El mundo de ayer. Memorias de un europeo, un clásico imprescindible que debería ser de lectura obligatoria para cualquier amante de la buena literatura y la historia.

Cobarde o no Maria Schrader lo defiende en unas declaraciones, duras pero ciertas en mi opinión, hechas en El Periódico recientemente: Cierto, pero por otra parte se gastó (Zweig) una fortuna tratando de ayudar a mucha gente a huir. Simplemente se negaba a ondear pancartas o corear eslóganes, y a dar soluciones simples a problemas irresolubles. Detesto a todos esos artistas que abanderan causas humanitarias con el único objetivo de salir en la foto y hacerse promoción. Y además es muy fácil hacer activismo de boquilla cuando no te juegas nada. Me sentí fatal cuando, hace unos años, las masas gritaron al unísono “Je suis Charlie”. Pensé: “Yo no arriesgué nada, no puse mi vida en peligro para defender la libertad de expresión. Es mentira: yo no soy ‘Charlie Hebdo’”. (3)

Stefan Zweig. (2)

La película posiblemente entusiasmará más a los lectores del austriaco que a los que no lo son pero estoy segura de que, respecto a estos últimos, más de uno saldrá de la sala de cine con ganas de saber más sobre la figura de este europeo y, por tanto, de descubrir sus libros. Sólo por eso ya habrá valido la pena ver Stefan Zweig: Adiós a Europa.

Puntuación (máxima 5 estrellas):


(1). FOTOGRAFÍA: VOR DER MORGENRÖTE
(2). FOTOGRAFÍA: THE NEW YORKER
(3). DECLARACIONES DE MARIA SCHRADER: EL PERIÓDICO
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